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por María Cristina Azcona
Su alegre maquillaje la envuelve y la embruja.
Sus aros de cairel bailotean al paso,
cuando oronda se mece sobre su taco de
aguja.
Remera de lurex la aprieta impiadosa.
Fusó renegrido devela que es escaso
el cuidado que destina a su silueta golosa.
Parece una ex-vedette de los años sesenta,
que no quiere olvidar sus épocas de gloria.
Cual ave real que su cola despliega,
no teme reflotarse y volver a estar en
boga.
Los sábados concurre a reventar la noche,
a un lugar para mayores, "cena show y baile"
Acepta compañeros y danza a troche y moche,
pero siempre se vuelve sola aunque le falte
el aire.
Al día siguiente le duele hasta su alma,
y con una aspirina arregla el revoltijo.
"Calavera no chilla", reflexiona con calma,
y se va a comer paella con su nuera y su
hijo.
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