Entre la incertidumbre y la esperanza en la ciencia

La gran incógnita es cuanto mas durara la pandemia del coronavirus y la cuarentena

No hay vacuna ni medicamento específico para librar batalla contra el coronavirus. No sólo es una guerra contra un enemigo invisible, sino que el contexto se agrava ante la falta de certezas sobre las armas de combate. Lo único que está comprobado es que el distanciamiento social representa la mayor herramienta para disminuir la propagación de una enfermedad que se transmite de persona a persona.

Sobre ese concepto, el presidente Alberto Fernández, dispuso el 20 de marzo el aislamiento social preventivo y obligatorio. La primera etapa fue hasta el 31 de marzo, la segunda hasta el 12 de abril y por estos días y hasta el 26, se atraviesa un período de “cuarentena administrada”. Ese marco legal derivó en un cambio radical en la cotidianeidad. Se suspendieron las clases, se cerraron las fronteras, se frenó el flujo turístico, se restringió el transporte público de media y larga distancia, se cerraron los comercios. La vida transcurre ahora entre controles de las fuerzas de seguridad en las calles, barbijos en la vía pública, filas para ingresar al súper y conversaciones virtuales con los seres queridos. La gran incógnita es hasta cuándo. ¿Cuánto más debe esforzarse la comunidad a la espera de una solución o, mejor dicho, del retorno de la estabilidad? ¿Se puede proyectar una fecha en la que volverá todo a la normalidad? Entendiendo lo normal con los problemas individuales y colectivos anteriores a la pandemia. Y en ese sentido, vale la pena destacar un dato: Argentina registró en 2019 la inflación más alta en 28 años, lo que tuvo en vilo a economistas, empresarios, políticos y principalmente al ciudadano de a pie, que veía como se esfumaban sus ingresos.

Así, el Instituto Nacional de Estadística y Censos de Argentina (Indec) informó en diciembre último que el alza de precios fue del 53,8 por ciento. En este escenario, toma relevancia más que nunca el trabajo de la ciencia. En los científicos está la esperanza. El Instituto Malbrán, por ejemplo, logró secuenciar de forma exitosa el genoma completo Sars COV-2 de muestras obtenidas localmente, lo que servirá para la calidad del diagnóstico, complementar la vigilancia epidemiológica y contribuir al desarrollo de una vacuna para combatir el coronavirus. El aporte de la ciencia, las recomendaciones de epidemiólogos e infectólogos, más el trabajo de los médicos en los hospitales es la fortaleza del sistema. El trabajo es arduo y la voluntad no decae. En tanto, ninguno se arriesga, claramente, a fijar una fecha del fin del caos. Sin embargo, hay indicadores que inyectan aliento. El Territorio consultó a los especialistas. La curva está completamente aplanada, la necesidad de respetar el calendario de vacunación en población de riesgo y la búsqueda de los antivirales para tratar la patología que causa problemas en las vías respiratorias son algunos de los puntos que se abordarán en las próximas páginas. Como positivo, cuando pase el temblor, el sistema sanitario habrá ganado en infraestructura y modernización. El Covid-19 obligó a aggiornar los hospitales y también a acelerar la descentralización de los laboratorios. “Lo que pasó con el virus de la influenza es que duró ese año y después fue un virus que comenzó a circular de forma estacional, igual que otras cepas de influenza. Ahora lo que va a pasar con este virus, la verdad, no lo sé. Y no es que no lo sé yo, no se sabe en general que va a pasar exactamente”, desliza una de las especialistas consultadas, Laura Barcán, miembro de la Sociedad Argentina de Infectología (Sadi). La infectóloga se remite a comparar la pandemia de gripe A H1N1 con la que se vive en la actualidad.

A juzgar por la mirada científica, la educación, el turismo, los recitales y las actividades que concentran mucha gente deberán esperar seguramente más de lo imaginado. La distancia social sigue siendo la bandera de la prevención. Consiste en evitar las multitudes y mantener una distancia de dos metros con el otro, sea vecino o pariente o amigo. Estar lejos del otro, es la clave para ver la luz al final del túnel.