Adolescencia en cuarentena: redes y deseo de expresar

En un período de cuarentena que se alarga indefinidamente, los adolescentes constituyen un segmento que merece especial atención de la familia y de las instituciones ante este atípico nuevo orden

Si bien a partir de hoy en varias ciudades de nuestra provincia y del país será posible realizar paseos recreativos breves y una vez a la semana, lo cierto es que desde que se estableció el aislamiento social obligatorio y preventivo por coronavirus, el pasado 20 de marzo, los niños y adolescentes junto con los mayores de 60 años son quienes más sostuvieron el confinamiento y mudaron toda su rutina al interior de las casas. La adolescencia, período que usualmente se vivencia entre los 13 y 18 años, está marcada por los cambios a nivel físico, emocional y mental en lo individual y, en lo colectivo, la identidad se construye con otros, entre pares, por lo que la interacción es esencial. A casi dos meses de confinamiento, la cotidianeidad de los adolescentes se ha transformado: clases virtuales, quiebre en los horarios de rutina habituales, muchas horas frente a las pantallas. La preocupación por el bienestar de este segmento de la población se evidencia en el llamamiento de especialistas a propiciar el diálogo por parte de los adultos, a respetar la intimidad de los chicos y chicas dentro de las casas y, a generar espacios para compartir en familia. En el mismo sentido, desde instituciones gubernamentales de niñez y adolescencia y de la sociedad civil desarrollaron guías y protocolos de actuación teniendo en cuenta los derechos de los chicos, sobre todo para prevenir la violencia institucional en las calles en el marco de la cuarentena y además, para garantizar el derecho al acceso a asesoría en temas de educación sexual, métodos anticonceptivos, entre otros que refieren a la salud integral.

El Territorio consultó a la psicóloga Noelia Mariel Verdún (MP 652) sobre cómo afecta la cuarentena a los adolescentes y cómo aprovechar este tiempo en las casas de manera positiva. Si bien este tiempo que se puede percibir como un transcurrir homogéneo puede generar algunos trastornos emocionales y de convivencia, es una situación nueva ya que no hay registro de que alguna vez se haya interrumpido la vida social de manera tan masiva como ahora. “Estoy trabajando con mis pacientes de forma online y tengo pacientes adolescentes, y lo que se puede ver es que necesitan hablar y expresarse, también hay síntomas de depresión, que es algo que se ve en esta etapa. Algunos no están pudiendo dormir o se sienten desganados”, describió Verdún sobre algunas manifestaciones físicas y emocionales que aparecen como causa del aislamiento prolongado y la falta del contacto físico con amistades, novios, novias, suspensión de actividades grupales como las salidas, la organización de la Estudiantina, entre otras. “Cada etapa evolutiva, cada persona está atravesando la cuarentena de una manera diferente, y la problemática común que es cómo quedarnos en casa y no perder el punto que de esta manera nos estamos cuidando. Mayormente, la consulta más frecuente en adolescentes es la falta del vínculo con los pares, quieren salir y socializar. Las redes sociales son una buena herramienta pero no sustituye el contacto de verse. Lo bueno es que los adolescentes están buscando los recursos para salir adelante y la familia, los adultos tienen que acompañar este proceso”, contó. Indicó que en las generalizaciones se deja de lado por ejemplo, a la población de chicos que vive en vulnerabilidad, donde quizás la casa no es un refugio sino que puede ser un lugar donde hay violencia. En estos casos, se han quedado sin la contención que representa ir a la escuela o el escape de reunirse en la esquina del barrio con amigos.

“Estamos hablando de adolescentes que están en una casa y tienen la comida y el techo y los servicios básicos, entonces sí podemos decir que los padres que son la contención y la seguridad pueden propiciar el diálogo, el acercamiento, dar un mensaje claro de que esta realidad va a pasar y que lo mejor hoy para todos es estar adentro, cuidarnos y proteger la salud”. Sostuvo que el panorama es complejo porque los adultos afrontan problemas económicos y laborales, y además deben atender a los requerimientos de los hijos. “Me gusta rescatar la idea de que todos, desde nuestro lugar somos héroes en esta pandemia, porque los padres deben cuidar a los hijos y también quizás a sus padres que son ancianos o a alguien de la familia que está desempleado, los adolescentes y los niños deben hacer las tareas, ayudar en las casas, también pueden ocupar las redes sociales para estar cerca de sus abuelos. Involucrarse en el bienestar de los miembros de la familia es un buen hábito que se puede inculcar como valor”, adujo. Para Verdún, en este contexto de un día sin cortes horarios como los que se dan en la cuarentena, “es importante proponer y respetar algunas reglas y rutinas, que no tienen que ser inflexibles, pero que ayudan porque ordenan y dan un sentido. Por ejemplo, no porque no hay escuela temprano el adolescente puede pasar toda la noche conectado y dormir todo el día. Sí hay que dejarlos dormir pero hay que respetar los horarios de comida, hay que colaborar en la limpieza de la casa”. Y añadió que “de todas las situaciones se puede aprender, y veo que en la cuarentena quizás lo que debamos observar es por qué nos cuesta hablar con nuestros hijos, por qué cuesta poner límites. Si esto trae dificultades seguramente es porque viene de antes, la falta de comunicación viene de arrastre y ahora que estamos más tiempo en casa, aparece en forma de conflicto”. Por último destacó que “los adolescente están descubriéndose y descubriendo el mundo, y es una etapa ideal para continuar en la educación en valores. En las familias es un buen hábito propiciar la escucha, el diálogo, siempre es una buena herramienta para un vínculo sano”.

Situación estresante

Por su parte, Beatriz Martínez, especialista en coaching y mentoring, reflexionó que la cuarentena “es un momento complejo para todas las personas, independientemente de la edad o los roles. Es una situación que es estresante para los adultos, y lo es aún más difícil para los niños y adolescentes; considerando que en ellos, a su edad no está completamente desarrollado su sistema cognitivo y emocional”. Por eso, “la forma en que enfrentarán el problema dependerá en gran medida de la conducta y el manejo de los adultos. Para sortear los conflictos que puedan surgir, es clave la paciencia y empatía por parte de los padres”, consideró. La coach enumeró que una manera de promover el diálogo entre adultos y adolescentes es hablar en positivo, con total naturalidad y sin exagerar, preferentemente con ejemplos que cada uno pueda entender, según la edad y el momento de vida. “Estimularlos a expresarse, pero respetando los límites de cada uno, sin invadir su privacidad, eso les dará más seguridad. Todos estamos preocupados y puede ser un alivio, aunque sea parcial, reconocer que todos tenemos muchas razones para sentirnos incómodos e incluso asustados”, dijo. Argumentó que ejercer la tolerancia, el diálogo, la escucha es vital. “Los adolescentes pueden tener más autonomía que los niños, pero también necesitan ayuda para que sus días no se pierdan en la ‘igualdad’. Es esencial mover el cuerpo y realizar actividades placenteras”, convino.

Educación y nuevos desafíos

Cora Steinberg, especialista en Educación de Unicef Argentina, en una entrevista con Télam opinó sobre la educación y los derechos de los más chicos en el marco de la cuarentena. En Argentina la suspensión de clases presenciales afecta a más de 10 millones y medio de niños y adolescentes. El sistema educativo enfrenta hoy el mayor desafío que haya tenido en su historia moderna: sostener una escuela masiva, basada en prácticas presenciales, bajo un formato de educación a distancia mediada por el uso intensivo de viejas y nuevas tecnologías.

“El problema central es que el cierre de escuelas se enfrenta con un conjunto de desigualdades existentes en educación y en la sociedad que afectan de manera desproporcionada a estudiantes más vulnerables. Los gobiernos han desplegado políticas orientadas a asegurar la continuidad de los aprendizajes en las casas y sostener el vínculo de las escuelas con las familias: cuadernillos impresos, programas de televisión y radio, portales educativos y plataformas. Se trata de un esfuerzo enorme para un conjunto de sistemas educativos con disparidad de recursos, capacidades de gestión y acceso a las tecnologías”, consideró la experta, y avizoró que “los países que avanzan en la reapertura de escuelas coinciden en algunos criterios: escuelas seguras, gradualidad en el retorno, decisiones contextualizadas territorialmente y, con participación local, y el sostenimiento de estrategias presenciales y a distancia ¿Cómo avanzar en Argentina?¿Cómo asegurar las condiciones y recursos necesarios para priorizar el interés superior del niño, y garantizar su bienestar, protección y aprendizajes? Las políticas educativas por venir deberán mitigar la profundización de las brechas en el acceso al conocimiento, un bien estratégico en el siglo XXI y un derecho inalienable para todos los niños, niñas y adolescentes”.