El foresto-industrial busca inversiones y mira a Ituzaingó
En la Rural de Palermo, el sector maderero planteó que Argentina tiene el recurso y la tecnología para multiplicar exportaciones, pero le falta competitividad. La megainversión de ARPulp en Corrientes aparece como prueba clave.

Un sector con recursos pero exportaciones bajas
Referentes de la cadena foresto-industrial se reunieron en la Exposición Rural de Palermo para presentar un diagnóstico común: el país tiene condiciones para crecer en este rubro, pero necesita mejorar su competitividad para captar inversiones y ganar mercados externos.
El encuentro fue organizado por el Consejo Foresto-Industrial Argentino (CONFIAR) y contó con la participación de entidades del sector, junto a funcionarios de la Secretaría de Agricultura de la Nación.
Argentina cuenta con 1,36 millones de hectáreas de bosques cultivados y una disponibilidad creciente de madera de plantaciones sostenibles. Sin embargo, esa capacidad todavía no se traduce en comercio exterior: el país exporta cerca de 700 millones de dólares anuales en productos foresto-industriales, muy por debajo de:
- Uruguay, con más de 3.000 millones
- Chile, con unos 6.500 millones
- Brasil, que supera los 17.000 millones
Según los expositores, esa brecha muestra también el margen de crecimiento disponible si se logra un marco de previsibilidad para nuevas inversiones. Se mencionó como favorable la baja del riesgo país por debajo de los 400 puntos básicos, además de esquemas como el RIGI y el RIMI, y negociaciones comerciales en curso con la Unión Europea, Estados Unidos, Singapur, Corea e India.
Entre los pendientes se señalaron la necesidad de un transporte multimodal que abarate fletes, una mejor integración tributaria entre Nación, provincias y municipios, y reformas legislativas vinculadas a la Ley de Tierras, la Ley de Manejo del Fuego y la Ley de Cabotaje.
Silvopastoril, carbono y bioenergía
Uno de los ejes presentados fue el de los sistemas silvopastoriles, que combinan forestación y ganadería en un mismo campo. Según se explicó, este modelo permite diversificar ingresos y mejorar el aprovechamiento de la tierra sin que ambas actividades compitan entre sí.
También se abordó el mercado de carbono como fuente adicional de ingresos. Los proyectos forestales están entre los principales generadores de créditos de carbono a nivel global, y Argentina dispone de más de 150 millones de hectáreas agropecuarias con costos de tierra y producción más bajos que los de países vecinos, lo que representa una ventaja para este tipo de iniciativas.
La bioenergía fue otro de los puntos destacados: la producción de pellets a partir de subproductos forestales se presenta como un combustible renovable con demanda internacional en aumento, que además reduce desperdicios y diversifica la matriz energética.
Desde la industria maderera se planteó como estratégica la construcción industrializada con madera, desde módulos habitacionales hasta edificios de varios pisos, como una forma de modernizar el mercado interno con obras más rápidas y empleo calificado.
La apuesta de Ituzaingó como caso testigo
En el cierre de las presentaciones, se hizo referencia a la industria de celulosa y papel, impulsada por la creciente demanda mundial de envases sostenibles y materiales renovables frente a la sustitución de plásticos.
En ese marco se mencionó especialmente la inversión proyectada por ARPulp en Ituzaingó, Corrientes, por 2.000 millones de dólares, señalada como un proyecto determinante para saber si Argentina puede convertir su productividad forestal en escala industrial competitiva a nivel global.
Funcionarios de la Secretaría de Agricultura de la Nación cerraron el encuentro remarcando la necesidad de generar condiciones que favorezcan la inversión y el agregado de valor en la cadena foresto-industrial, considerada parte de la agenda de bioeconomía del Gobierno.
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